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Hauterives: un palacio de ensueño
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  Francia

Hauterives: un palacio de ensueño

A mediados del siglo XIX, un cartero francés soñó con un castillo fabuloso. Tardó 33 años en construirlo.

Año tras año, cuando el aroma de la lavanda anuncia la llegada del verano, miles de personas invaden las callejuelas de Hauterives, una aldea en el sureste de Francia.

Vienen a visitar uno de los monumentos arquitectónicos más fabulosos del planeta, el Palacio Ideal del Cartero Cheval.

En cuanto a su tamaño, es minúsculo en comparación con las pirámides de Egipto, el Taj Mahal, Angkor Wat, Borobudur o Machu Picchu.

Sin embargo, cuando se le ve a la luz de sus aspiraciones, este edificio nacido de un sueño adquiere dimensiones descomunales.

Mientras que frente a los grandes monumentos del pasado uno suele preguntarse cuántos miles de esclavos u obreros mal pagados trabajaron para levantarlos, el palacio de Hauterives nos recuerda, a cada instante, que fue construido por un solo hombre.

‘1879-1912. 10 mil días. 93 mil horas. 33 años de sacrificios. Si hay alguien más obstinado que yo, que se ponga a trabajar’, escribió Ferdinand Cheval, en una de las fachadas de su edificio.

El sueño

Cheval, nacido en 1836, fue durante 29 años cartero rural.

‘Hijo de campesino, campesino, quiero vivir y morir para demostrar que en mi categoría también hay hombres de genio y energía’, explicó en una carta autobiográfica en 1905.

En ella cuenta como, 40 años antes, soñó que había construido ‘un palacio, un castillo o grutas’.

‘Era algo tan bello, tan pintoresco, que diez años más tarde todavía estaba grabado en mi memoria’.

Pasó otro quinquenio y, cuando casi había olvidado su creación onírica, un buen día de abril de 1879 tropezó con una piedra que se la hizo recordar, una piedra que presentaba ‘una escultura tan rara que ningún ser humano podría imitarla’.

‘Entonces me dije: ya que la naturaleza quiere hacer la escultura, yo me encargaré de la albañilería y la arquitectura. He aquí mi sueño. ¡Manos a la obra!’, escribió. ´

Cartero de día, arquitecto de noche. Mientras repartía las cartas, en un recorrido a pie de más de 30 kilómetros diarios, Cheval iba recogiendo piedras que cargaba en una cesta en su espalda.

Según él, muchas veces ésta pesaba más de 40 kilogramos. Después amontonaba las piedras y por la noche las iba a buscar con su carretilla. ‘Las más cercanas estaban a cuatro o cinco kilómetros, y a veces hasta a diez kilómetros. En ocasiones, yo salía a las dos o las tres de la mañana’, contó.

Así, sin haber estudiado albañilería, escultura o arquitectura, pero inspirado por las culturas maravillosas y distantes que, en esos momentos de expansión colonial, descubría en las revistas ilustradas, comenzó a transformar su sueño en realidad.

Año tras año, el palacio se fue llenando de laberintos, cascadas, grutas, tumbas, escondites.

Por doquier comenzaron a aparecer, como salidos de un cuento de hadas, figuras de la antigüedad, momias, gigantes, animales, árboles, imágenes de diversas religiones, un castillo de la Edad Media, un templo hindú, un chalet suizo, una casa argelina, un museo antediluviano...

Mientras avanzaba, Cheval escribía en las paredes poemas y reflexiones sobre su trabajo, sus objetivos y su visión del mundo.

‘Loco’

‘En su época, como él mismo cuenta, muchos aldeanos lo criticaban y lo tildaban de loco’, dijo un anciano de Hauterives que, como las piedras de Cheval, prefirió permanecer anónimo. ‘Pero ahora este pueblecito está en el mapa gracias a él y casi todos los comercios se benefician de los miles de turistas que quieren ver el Palacio Ideal’, añadió.

Su esposa señaló que, aunque vienen visitantes todo el año, la mayoría lo hace de mayo a septiembre.

Un funcionario de la oficina de turismo le dijo a la BBC que, como promedio, unos 130.000 forasteros llegan anualmente a esta aldea de cerca de 1.300 habitantes.

Aunque el palacio sólo fue clasificado como monumento histórico de Francia en 1969, ya en los tiempos de Cheval se estaba convirtiendo en una atracción turística.

‘A los visitantes, que vienen de casi todos los países y cuyo número aumenta cada año, les cuesta creer lo que ven sus ojos; necesitan el testimonio de los habitantes de aquí para convencerse de que un solo hombre pudo tener el coraje y la voluntad para construir una obra maestra como ésta’, comentó Ferdinand Cheval. ‘odos se van maravillados, diciendo: Es increíble, es imposible, es maravilloso’, agregó.

Admiradores

No es que lo dijera sólo él. Parece que algunos de los artistas más importantes del siglo pasado pensaban lo mismo.

Entre sus admiradores estaban Pablo Picasso, quien visitó el palacio varias veces, André Breton, Max Ernst, Roberto Matta, Jean Dubuffet, Niki de Saint-Phalle y Jean Tinguely.

Breton, quien le dedicó un poema, y otros surrealistas le reconocían su influencia; Dubuffet lo consideraba un precursor del art brut.

André Malraux, cuando en su calidad de ministro de Cultura recomendó que lo designaran monumento histórico, dijo que el palacio era ‘el único representante del arte naïf en la arquitectura mundial’.

El edificio y sus célebres inscripciones también atrajeron a escritores como Lawrence Durrell, Marguerite Duras y Julio Cortazar.

El autor de ‘Las piedras de Chile’, Pablo Neruda, estuvo en el Palacio Ideal el 23 de julio de 1967, según consta en el libro de visitantes.

La tumba

Después de haber dedicado 33 años de su vida a la construcción del palacio, Cheval quería que, al morir, lo enterraran, ‘como a los faraones’, en una tumba egipcia que había creado en él.

Cuando las autoridades locales le dijeron que no lo permitirían, trabajó otros ocho años para levantar su mausoleo en el cementerio local, situado a un kilómetro de Hauterives, cerca de un campo de girasoles. ‘He tenido la dicha de que me acompañara la salud para terminar esta tumba, llamada la tumba del silencio y del reposo infinito, a la edad de 86 año’, escribió.

Dos años después, entró en ella para siempre

Su ‘fiel compañera’, su carretilla, sí descansa en el palacio ideal, en un nicho que Cheval creó para ella y para sus otros instrumentos de trabajo. A su lado hay una inscripción que dice: ‘Ahora que terminó su obra, / Él disfruta en paz de su labor, / Y en su casa, yo, su humilde amiga / Ocupo el lugar de honor’.

BBC Mundo




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