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  Cultura

El pasado colonial perdura en la última casa que pisó Bolívar en Caracas

El pasado colonial se resiste al paso del tiempo en la Quinta Anauco, una mansión en el noreste caraqueño, la última casa que pisó el prócer independentista Simón Bolívar en Caracas, convertida desde hace décadas en museo.

Vea la última casa que pisó Bolívar en Caracas.

'El 5 de julio de 1829 salió de esta casa, su última morada en Caracas, Simón Bolívar 'El Libertador', para no regresar vivo a la patria', reza a sus puertas un cartel que recuerda al ilustre visitante, que murió un año después en Santa Marta (Colombia).

La quinta se construyó en 1797, pero su propietario huyó durante la revolución venezolana, con lo que perdió su propiedad y pasó a ser alquilada por el marqués del Toro, afín a Bolívar.

Situada en lo que era antes las afueras de la ciudad, la mansión está en el barrio de San Bernardino, uno de los más populosos de la Caracas, y desde décadas alberga un museo de Arte Colonial que mantiene el edificio tal y como era en el siglo XVIII.

El director del museo, el historiador Carlos F. Duarte, afirmó en una entrevista que en el país, tras la independencia, ha habido un desprecio hacia todo lo que es pasado hispánico'.

Duarte forma parte de la asociación que mantiene con sus propios medios tanto la conservación de la quinta, propiedad del Estado venezolano, como de las casi 180 piezas de orfebrería, más de un centenar de pinturas, cincuenta muebles barrocos y más de cien piezas de mobiliario neoclásico del museo.

Según indicó, en los últimos años cada vez hay menos turistas que acuden a este museo, fundado en 1942, y también a Caracas debido a la 'inseguridad' que afecta la ciudad.

Pese a ello, se siguen promoviendo actividades en la Quinta Anauco, célebre en el país y a la que artistas han dedicado canciones, y se organizan conciertos de música clásica y visitas guiadas para los niños en los meses estivales.

En su interés por recuperar ese pasado, la Asociación Amigos del Arte Colonial colecciona obras y objetos para restaurarlos y conservarlos.

Entre las curiosidades que alberga el museo se encuentra una real cédula de Felipe II dirigida a un conquistador que iba a la búsqueda de El Dorado, en la que le pide que 'no le hagan daño a los indios, porque si los indios no nos hacen daño, no tenemos por qué', señaló Duarte.

Hay también un niño Jesús castellano del siglo XVI, y cerámicas de 1510 de la isla de Cubagua, de donde salían 'las perlas que llevan los reyes y las reinas en los retratos reales en toda Europa', aseguró.

Allí se encuentran asimismo butacas antiguas, 'el único mueble en la historia del mobiliario que por primera vez tiene un diseño ergonómico', dijo.

'Desde la más remota antigüedad, nunca se había pensado en hacer un asiento inclinado. Si uno ve la silla egipcia, los tronos de Tutankamon son curvos, pero a los lados, no inclinados hacia atrás, ergonómicos', destacó Duarte.

Durante la visita, suena en el salón señorial un fandango de la época, como los que bailaban entonces los miembros de las clases altas venezolanas.

A esa quinta acudió no sólo Bolívar, sino también otros personajes ilustres de la historia venezolana como el general José Antonio Páez, que fue invitado a utilizar una curiosa bañera bajo el suelo del aseo, redescubierta hace apenas unos años.

En el mismo salón de la casa se puede ver una silla que estuvo en la caraqueña capilla de Santa Rosa, donde se firmó el Acta de Independencia en 1811.

La Quinta de Anauco también alberga una colección de vidrios de La Granja de Segovia, de Bohemia, además de otras piezas mexicanas y holandesas, pero lo que es más difícil encontrar son objetos de plata de la época.

'Todo desapareció con el terremoto de 1812, porque las personas empezaron a fundir sus platerías para reconstruir las casas', indicó Duarte.

Dos años después del suceso, 'el gobierno patriótico obligó a la gente a vender su plata para los gastos de la guerra', aunque se salvaron platerías religiosas porque 'muchos curas y monjas las escondieron', añadió.

Lo que sí quedan son recipientes específicos para beber chocolate caliente, que se tomaba 'a todas horas', explicó Duarte.

En la Quinta Anauco todas estas piezas siguen, doscientos años después, como testigos mudos del pasado en el día a día urbano de la dinámica y caótica capital venezolana.

Terra Venezuela / EFE




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