Aunque Jimmi Hendrix es catalogado como uno de los artistas más curiosos del plano musical, lo cierto es que el cantante afroamericano era brillante en el escenario, muchas veces influenciado por la droga y el alcohol, aunque las grandes polémicas las causaba con sus letras y su show insignia incendiando sus guitarras, un acto más común con el pasar de los años.
Otro de los clásicos del rock and roll y las presentaciones que marcaron historia es Jim Morrison, desde su conversión a chamán hasta sus llegadas borracho y drogado a la tarima, cada uno de sus conciertos resultó más que interesante. La polémica rondó los escenarios tanto o más que sus canciones y se tuvo que ir a Francia, donde posteriormente encontraría la muerte, huyendo de una orden de detención por intentar masturbarse durante un concierto en Miami asegurando que “sería algo que el público nunca antes había experimentado”.
Aunque en realidad una de sus más famosas proezas se dio cuando ‘The Doors’ fue invitado a cantar en el ‘Ed Sullivan Show’ y los productores del programa pidieron al grupo que cambiara una frase de ‘Light my fire’ que Jim se rehusó a transformar y a lo que sumó una muestra ‘gratis’ de la excitación evidente debajo de sus pantalones de cuero.
Excentricidades que atraen problemas
El rockero Vince Neil realizó un concierto en 1993 con entrada triunfal, arribó en un helicóptero con una botella de Jack Daniels en una mano y en la otra una bolsa de pastillas, aunque irreverente lo que más llamó la atención fue la actitud de su acompañante practicándole sexo oral.
Neil logró la publicidad que buscaba, a diferencia de Patrick Sherry, vocalista del grupo británico ‘Bad beat revue’ que se lanzó de la tarima buscando que su público lo sostuviera y se encontró el piso de frente, lo que provocó su fallecimiento.
James Hetfield de Metallica, también rozó la muerte cuando en una de sus presentaciones se acercó demasiado a una torre de pirotecnia que le causó quemaduras en segundo y tercer grado, aunque sin un desenlace tan fatal como el de Sherry.
Sadismo, racismo y otras aberraciones
En el límite entre la originalidad y la locura están aquellos artistas que por brindar un show memorable pasaron a la historia como sádicos empedernidos como la banda de black metal ‘Gorgoroth’ que en un concierto en Polonia sacrificaron animales y crucificaron a cuatro personas desnudas con bolsas en la cabeza y con cortes por todo el cuerpo.
Kiss no se quiso quedar atrás con los animales y muy similar al caso Osbourne, soltó una docena de pollos que aplastaron con sus plataformas mientras cantaban en uno de sus conciertos.
Y para cerrar el capítulo de los ejemplos que rayan en la dudosa salud mental de sus protagonistas, Mercyful Fate vocalista de ‘King Diamon’, simuló la crucifixión de una monja que era violada por un demonio en una de sus presentaciones en vivo.
No siempre los fans son bienvenidos
Capítulo aparte merecen los ídolos que se aburren con el acoso de su público. Heith Richards de Los Rolling Stones golpeó varias veces a un admirador que se subió a la tarima en un concierto del grupo en 1981; Henrry Rollins la voz líder de ‘Blach Flag’, lanzó siete puñetazos a un fanático que quiso arrancarle el micrófono y James Keenan le practicó una llave a otro admirador que invadió su escenario mientras seguía cantando.
Por error o intencionalmente cantantes como Bruce Dikinson de ‘Iron Maden’, Charlie García y Prince, han sido exhibicionistas por naturaleza. El primero mostró sus partes más íntimas cuando sus pantalones de cuero se rompieron en Pamplona, España; el músico argentino suspendió un concierto en su tierra natal no sin antes romper un teclado, un micrófono, una batería y bajarse los pantalones; y para cerrar este grupo Prince causó polémica en su presentación del Super Bowl cuando una sombra hacía ver que el reflejo de su curiosa guitarra representaba un símbolo fálico, prohibido para el espectáculo familiar.
Aunque más mito que realidad, el sinónimo más significativo de excentricidades en un escenario es Marilyn Manson, con una hoja de vida plagada de polémicas que van desde falsos rumores como sacarle el ojo a una fanática para practicarle sexo ocular y una denuncia por “arrancar sus genitales y lanzarlos al público en Roma” que después fue desmentida; hasta situaciones reales como sus arrestos por exposición indecente y frotar su cuerpo contra el de un policía.
Por publicidad gratis o simplemente para mostrar a su público que los límites no se hicieron para ellos, estos son los ejemplos más polémicos, excéntricos e insólitos de presentaciones históricas no sólo por la música sino por el espectáculo que la acompañaba.
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