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En esta edad, el repentino interés de los niños por el dinero no está motivado por la codicia sino por la curiosidad. Les llaman la atención las cosas que los adultos hacen –especialmente sus padres–, y el uso del dinero es una de ellas.
Por esto, debes aprovechar su fascinación y su interés para enseñarles lo que pueden y no pueden comprar con él.
Igualmente, el encanto hacia el dinero es intrínseco –los billetes son ondulados y las monedas, brillantes– y les ofrece a los pequeños la oportunidad de ejercitar sus habilidades motoras. Algunos, por ejemplo, se divierten cuando pueden deslizar la tarjeta de crédito de sus padres o cuando alimentan las máquinas de dulces.
Un método para que tu hijo aprenda a darle sentido al manejo del dinero es brindarle oportunidades para que lo use y lo ahorre. Cómprale una alcancía en la que pueda depositar unas cuantas monedas o regálale una billetera para que guarde en ella billetes de juegos de mesa (como los de Tío Rico, por ejemplo) o hechos con trozos de papel. Otra alternativa: cómprale una caja registradora de juguete.
Como no está listo para manejar una mesada, debido a que no comprende aún el valor del dinero, puedes complacerlo de forma ocasional y comprarle el juguete o el dulce que te ha pedido (siempre y cuando cuentes con los recursos suficientes). De lo contrario, hazle entender las reglas de juego: “vamos a comprar el almuerzo, no golosinas” y evita decirle cosas como: “nos vas a empobrecer” o “no somos una casa de beneficiencia”. Es bueno hacerle entender que tus bolsillos no son una fuente ilimitada de dinero. Si estás en un restaurante y tu hijo te pide más monedas para continuar escuchando canciones, dile: “lo siento, no tengo más monedas . Tal vez para la próxima ocasión que vengamos”. De esta forma le das a entender que el dinero no dura para siempre, pero que existe el necesario para los diferentes gastos.
De la misma manera, es importante que le enseñes el valor de las cosas no materiales. Si tu pequeño te hace una hermosa tarjeta de cumpleaños, apréciala como si fuera una joya o una prenda de vestir. Asimismo, si sus abuelos le regalan dinero, recuérdale otro tipo de detalles que éstos han tenido para con él.
Si excede el interés por el dinero
Mariana, por ejemplo, acostumbraba a menudo darle a su pequeño unas cuantas monedas. Por lo tanto, el niño asumió que cualquier moneda o billete que estuviera a su alcance era suyo, y un día, cuando observó en la mesa del comedor unos billetes que su madre había dejado, decidió tomarlos y guardarlos para sí.
En esta edad, los niños no comprenden que han sobrepasado los límites; te corresponde enseñarles hasta dónde pueden llegar. Hazle entender a tu hijo que no es correcto tomar sin permiso el dinero que encuentre a su alrededor, ya que esto podría ocurrir en casa de amigos y familiares. Cuando lo haga, pídele que regrese el dinero y verás que muy pronto aprenderá las reglas.
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