Terra
 

Venezuela, Regístrate Privacidad Aviso Legal Portada
> Portada   > Noticias
  Mujer y Familia
  Bebés y niños
  Belleza
  Galería
  Horoscopo
  Portada Terra
  Moda
  Variedades
›› Cinco mujeres confiesan sus más locas historias de vacaciones
›› Miss EE.UU. se resbala en ceremonia de Miss Universo
›› Los secretos inconfesables que toda mujer tiene
›› La menstruación y la planificación no son problemas. Aclare sus dudas.
›› Reglas de oro para sobrevivir al primer mes de convivencia
›› 10 claves para su zona 'v'
›› ¡Moda según el horóscopo!
›› Identifican 237 motivos para tener sexo
  Servicios
Login Password
Agenda
Correo
Disco Virtual

  Tendencias

Locos por las hierbas

En el acelerado mundo de hoy, conocer gente que vive tranquila, segura de que jamás le faltará lo esencial, no es algo despreciable .

Locos por las hierbas
Getty Images
 
 

Ese es precisamente el mensaje que transmitieron a BBC Mundo unos israelíes apasionados de la naturaleza.

Se los podría llamar "los come hierbas", debido a sus costumbres, aunque el término sea quizás un tanto general. Las aclaraciones son imperiosas, porque hay de todo.

Están los que viven en base a la vegetación silvestre más algún agregado natural que compran en el almacén, pero también aquellos para los que ingerir carne no es anatema, aunque traten de hacerlo lo menos posible.

El común denominador es que toda esta gente otorga un valor importante a las hierbas que al parecer son inservibles para el habitante urbano promedio.

"Basta con aprender, salir y probar", dice muy seguro Shimi Ref , un israelí de 31 años que está convencido de que la vida puede basarse únicamente en lo totalmente natural o lo más cercano a ello.

Llega a nuestro punto de encuentro en su automóvil que funciona con bio-diesel , un combustible que produce en base a aceite ya usado. Según señala, el combustible contamina mucho menos que la nafta y que le cuesta seis veces menos.

Viste ropa que era de su padre -un buzo con motivos sudamericanos- y explica que trata "de no comprar nada nuevo para no incentivar el consumo innecesario con cosas que luego no se desintegrarán fácilmente".

Nos encontramos cerca de un cruce carretero importante, Shfaim, varios kilómetros al norte de Tel Aviv.

Sin papas fritas

Shimi es un experto. De cada planta sabe perfectamente cuál es la parte apropiada para comer, cuál es la más sabrosa y nutritiva.

Desde hace años organiza grupos de gente que sale de aventura, pero sin limitarse al tema de las hierbas.

Si bien eso es lo que comen y nadie aquí trae papas fritas o milanesas para un picnic, él enriquece el paseo enseñando todo tipo de destrezas que, a su criterio, son claves para el hombre consciente de que la naturaleza no debe ser destruída y al contrario, aprovechada para bien.

"Y como soy consciente de que el uso exagerado que hace el hombre de los recursos naturales tendrá sus consecuencias fatales, al encender la luz en casa de mis padres, lo disfruto en especial, ya que tengo certeza de que no es algo que podremos hacer eternamente", explica Shimi.

Filosofía de vida

Para Shimi, esto no es una mera locura, sino un enfoque de vida que además le permite mantenerse, ya que los cursos y talleres para grupos interesados, se tienen que pagar.

"Cuando salgo con gente que está todo el día en una oficina de una empresa de alta tecnología en una torre en el centro de Tel Aviv, sé que después de ver y probar todo en el campo, ya no verán en el terreno de enfrente sólo la zona en la que se construirá otra torre, sino realmente, comida", cuenta Shimi.

Eso es justamente lo que significa para Uri Yerman, de 25 años, el campo ubicado muy cerca de su casa, al sur de Tel Aviv.

Se alimenta únicamente de las hierbas del campo y frutas que compra como agregado. A veces, también algunas nueces, pero nunca, jamás, comida cocinada ni elaborada de forma alguna, lo cual sostiene, le ha ayudado mucho a lidiar con algunos problemas de salud.

Uri me lleva a un sitio que de lejos parece un terreno impenetrable, al menos para una común mortal como yo. Al ver que es precisamente allí que piensa entrar, disimulo mi horror y comprendo por qué me había preguntado antes si tengo "ropa apropiada", o sea pantalones y zapatos deportivos.

Tras varios minutos de caminata en el lugar, que él evidentemente conoce al dedillo, entiendo por qué salió de su casa con una bolsa grande.

Hubeza, gdilan...

Comienza a cortar y colocar de todo adentro de la bolsa, no sin antes explicar -en términos hebreos que en general no lograríamos traducir- cuál es la "hubeza", el "gdilan", el "jardal" (esto sí, mostaza) y varias especies más de hierbas que llenan al final su liviano equipaje. Abre orgulloso la bolsa, repleta de verde y dice: "Acá tengo para dos días, delicioso".

Cuando le pregunto si nunca compra verduras en el supermercado, Uri responde afirmativamente, con toda naturalidad. Si tiene hambre, emprende camino hacia el campito cerca de la casa y tiene la respuesta inmediata.

También él, como Shimi, sabe exactamente de qué está hablando. Reconoce cuándo en un lugar determinado la vegetación creció mucho y se dice satisfecho de saber que esto nunca le faltará.

Gentilmente me ofrece algo para probar. Trago la "hubeza" y hasta el "gdilan", aunque la pequeña flor de la hierba de mostaza me resulta más sabrosa que el resto.

Y debo confesar... no están nada mal.

BBC Mundo



  Noticias Relacionadas

Ferrán Adriá, la versión gastronómica de Picasso


Famosos del deporte y el espectáculo, premiados por sus vinos


La buena música mejora el vino


Chef venezolana triunfa en Estados Unidos


El mejor restaurante del mundo



 » Conoce Terra en otros países
 » Aviso Legal  » Privacidad  Resolución mínima de 800 x 600 - Copyright 2007 Terra Networks Venezuela S.A.