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  A pesar de los obstáculos

Musulmanas luchan por cambiar leyes ancestrales

Miles de mujeres musulmanas luchan a diario en sus respectivos países para transformar una sociedad que mantiene costumbres y leyes ancestrales como la que ha condenado a la nigeriana Amina Lawal a morir lapidada por adulterio.

Terra
 
 

La batalla afecta a cerca de 600 millones de mujeres en más de 50 países y la lideran las emergentes organizaciones de defensa de los derechos de la mujer, que crecen lentamente a la sombra de las cada vez más frecuentes asociaciones locales pro derechos humanos.

Sin embargo, el nivel de aceptación social y las posibilidades de éxito de las feministas varían según los países, con Túnez y Egipto como los más abiertos y receptivos a la lucha de la mujer.

"Túnez es el país más avanzado en la concesión de los derechos de la mujer. Le sigue Egipto y a mucha distancia países como Jordania, Siria o los del golfo Pérsico, donde el movimiento feminista todavía está naciendo", explicó Nihab Abul Kumsan, directora del pionero "Centro de la Nueva Mujer" en Egipto.

Según Kumsan, en Egipto y Túnez, cuyo movimiento feminista tiene una larga tradición, se lucha ahora por consolidar a la mujer en puestos de alta responsabilidad política, económica y social, mientras que en el resto aún se discute si la mujer puede o no participar en la vida pública.

En Egipto, Túnez, Jordania o Irán las mujeres pueden votar y ser elegidas, derecho que sólo Bahrein y Qatar dan a las mujeres entre los países del Pérsico.

"Los obstáculos, no obstante, son los mismos: el Gobierno y la opinión pública. No existe un deseo honesto de cambio. El Estado es conservador, su prensa es conservadora e incluso la sociedad es conservadora", denuncia Kumsan.

"Además hay un doble lenguaje. Por una parte se permite la creación de instituciones y se respalda oficialmente la defensa de los derechos de la mujer, pero la realidad muestra un panorama diferente", añade.

Mandy Fahmi, traductora y activista de los derechos humanos en Egipto, apunta un tercer factor: el analfabetismo femenino, que presenta altos índices en casi todos los países musulmanes.

"Muchas veces son las propias mujeres las que no aceptan los cambios por falta de una mínima cultura y por respeto a las tradiciones", subraya Fahmi.

Pero el conservadurismo también posee bastiones dentro del propio movimiento femenino, con influyentes grupos de mujeres que se oponen a los cambios blandiendo como bandera la defensa de los principios de El Corán y la Sharia (ley islámica).

"Algunos creen que porque las mujeres participen en la vida política y tengan responsabilidades financieras se deben cambiar ciertos principios. Pero hay textos muy claros en El Corán que no pueden ser variados", dice Suad Saleh, profesora de Derecho en la sección femenina de la prestigiosa universidad egipcia de Al Azhar.

En Egipto, la labor del "Centro de la Nueva Mujer" ha conseguido que se modifique la ley que limitaba el derecho de las mujeres a solicitar el divorcio y que se estudie la reforma del artículo que impide a la mujer egipcia transmitir la nacionalidad a sus hijos.

"Además, se ha logrado que el violador no quede impune si se casa con la mujer violada, como hasta ahora legislaba el artículo 291 de la ley egipcia, y sea considerado un criminal", detalla Kumsan.

En el caso del adulterio, como el que ha llevado a Amina Lawal a ser condenada a muerte por apedreamiento, Kumsan señaló que "todos los países musulmanes condenan este castigo, que está proscrito en muchos de ellos".

Kumsan aceptó, sin embargo, que también existe "discriminación" en lo que se refiere a este delito, ya que el hombre tiene muchas posibilidades de escapar impune, incluso si mata a los adúlteros en un arrebato de ira, o si la mujer es menor de edad.

"En muchos países, como Egipto, esta disparidad de criterios nace del hecho de que existe una situación de conflicto entre la Sharia, primera fuente legal, y el código civil heredado después de los países colonizadores europeos", puntualiza Abdel Naser al-Attar, antiguo profesor de Derecho en la universidad egipcia de Asiut.

Terra/Javier Martín/efe



En medio de esta agria discusión, la mujer ha logrado sin embargo importantes batallas que permiten ver el futuro con optimismo.


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