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Como el golf, el rugby a siete obtuvo el visto bueno del Comité
Olímpico Internacional, frustrado para Londres 2012, el pasado
agosto en Berlín, algo que no lograron ni béisbol, ni sóftbol, ni
kárate, ni squash, ni patinaje, el resto de candidatos.
En cuatro ocasiones había sido olímpico el rugby a quince: en los
Juegos de París en 1900, en los que Francia se alzó con la medalla
de oro; en Londres en 1908, cuando Australia fue campeona; y en
Amberes 1920 y París 1924, con el podio dominado por Estados Unidos
en ambas ediciones.
La actuación olímpica del rugby estuvo marcada por las
interrupciones -no se disputaron pruebas en San Luis 1904 ni en
Estocolmo 1912- y por algunas anécdotas propias del espíritu aún
'amateur' de aquellos Juegos, como la ausencia de competidores
aparte de Australia e Inglaterra en 1908 o de Estados Unidos y
Francia en 1920, que facilitó, sin duda, la concesión de medallas.
Así, Francia (un oro y dos platas), Estados Unidos (dos oros) y
Australia (un oro), lideran hasta la fecha el medallero olímpico de
este deporte, completado por la plata y el bronce de Gran Bretaña,
la plata alemana en 1900 y el bronce de Rumanía en 1924.
La actual implantación del rugby en Francia se debe, en gran
parte, a la labor del creador de los Juegos Olímpicos, Pierre de
Coubertin, quien mostró un gran interés por éste y lo definió como
"una mezcla perpetua de individualismo y disciplina, que combina la
necesidad de cada hombre de anticiparse y decidir con la de
subordinarse al pensamiento del capitán".
De Coubertin se encargó personalmente a lo largo de su vida de
introducir la práctica del rugby en numerosas escuelas e
instituciones educativas del país galo. Pero el belga Henri
Baillet-Latour, su sucesor en la presidencia del COI, no compartía
el entusiasmo por este deporte, que dejó de ser olímpico en 1928.
Fue en 1994, en la localidad galesa de Cardiff, cuando el actual
presidente de honor del Comité, Juan Antonio Samaranch, retomó en un
discurso esos valores olímpicos del rugby de los que hablaba De
Coubertin, durante el acto en el que el International Rugby Board
(IRB), máximo organismo mundial de este deporte, fue confirmado como
una de las federaciones integrantes del COI.
Este reconocimiento supuso un paso decisivo para el regreso del
rugby al olimpismo, una carrera que fue iniciada a principios de los
noventa tras una serie de encuentros informales entre miembros del
IRB con la Asociación Olímpica Británica.
No pudo ser en la reunión de Singapur 2005, en la que se decidió
el programa olímpico de los Juegos de Londres 2012, pero el empeño
del actual presidente del IRB, el francés Bernard Lapasset, en que
el rugby vuelva a ser olímpico, ha dado finalmente sus frutos hoy en
Copenhague.
Terra / EFE
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