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Los Tigres perdieron 5-6 ante los Mellizos de Minnesota, que se apoderaron del título de la División Central de la Liga Americana, en el juego en que Cabrera pegó doble en su primera oportunidad con el bate, y después conectó cuadrangular de dos carreras, en la tercera entrada.
Pero el poder de su bate no fue suficiente, porque después fue puesto "out" en dos ocasiones y recibió una base por bolas.
Cabrera se presentó al juego con muestras de rasguños en la cara que le provocó su esposa, con quien tuvo una discusión después de haber bebido al lado de algunos integrantes de los Medias Blancas de Chicago en el hotel de Detroit, donde se hospedaban.
Antes de las prácticas de bateo, Cabrera informó que estaba triste por sus acciones y por haber ocasionado inconvenientes a la organización del equipo.
Pero insistió que haber bebido no le afecta en su desempeño con el bate ni en el campo de juego.
Cabrera, de 26 años, registró a 0.26 grados de alcohol en la sangre, más de tres veces lo permitido por las autoridades del estado de Michigan para poder conducir un automóvil.
La policía recibió una llamada proveniente de la casa de Cabrera aproximadamente a las 6:00 de la mañana del sábado.
La Policía dijo que la esposa de Cabrera, Rosangel, fue la persona que llamó al número de emergencia 911. Tanto el jugador como su esposa tenían marca en sus rostros, dijeron los oficiales, pero debido a que eran mínimas, no hubo cargos contra ninguno de los dos.
Cabrera, líder de bateo de los Tigres, reconoció como el resto de los peloteros del equipo que el título no lo perdieron en el partido de desempate sino en la serie del fin de semana contra los Medias Blancas.
Los Tigres perdieron dos de los tres partidos, lo que permitió a los Mellizos forzar el desempate en su campo del Metrodome, y venir siempre de atrás en la pizarra para al final anotar la carrera del triunfo, que fue producida por el bate oportuno del dominicano Alexi Casilla.
Mientras que su compatriota, el jardinero Carlos Gómez, fue el encargado de llegar a la registradora ante el delirio de los miles de fanáticos que llenaban el Metrodome.
EFE
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