La ruta, que se realiza en camionetas de transporte escolar, reconstruye los últimos días de la vida de Escobar mientras la guía turística, Natalia Buitrago, relata la historia del fundador del Cartel de Medellín.
Comienza en el barrio de Los Olivos, donde se encuentra la casa en la que la Fuerza Pública abatió al capo, o donde el narcotraficante "se pegó un tiro", como sugiere la guía, alimentando así la leyenda acerca de la muerte de Pablo.
Luego prosigue hasta el cementerio de Montesacro, pasando primero por las ruinas del Edificio Dallas, el llamado "Centro de Negocios", desde el que el narcotraficante arrancó su negocio de la droga.
La inscripción "Pablo vive" en una de las paredes del edificio, abandonado desde 1993, tras un atentado perpetrado por sus rivales, deleita al turista con el deseo de retroceder 30 años y conocer el Medellín de los narcotraficantes.
Ya en el Montesacro se hace realidad el deseo de "Don Pablo", como reza la lápida bajo la cual está enterrado junto a sus padres, un hermano, una tía y su guardaespaldas: estar enterrado en Colombia.
Esta iniciativa no está bien vista ni por las autoridades ni por los habitantes de Medellín, que observan con estupor cómo se anuncia en las redes sociales y se ofrece a los turistas en los hostales y hoteles de esta ciudad, la cuna del narcotráfico en Colombia.

- EFE
