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Siguiendo un sistema de la Policía de Irlanda del Norte, los uniformados ahora patrullan los enrevesados callejones de la barriada de Catia, día y noche, utilizando técnicas policiales orientadas a la comunidad para reunir datos acerca de los delincuentes que amenazan a los residentes.
"Esto a las seis de la tarde ya era zona roja (...) tenías toque de queda", dijo Rocío Barrios, de 40 años, en esta zona del oeste de Caracas. "Esto no pasaba, niños a esta hora jugando. Pero ahorita de verdad no nos sentimos que estamos en peligro", agregó.
Enclavado en la ladera de una montaña cerca de la costa caribeña, Catia y sus alrededores acogen a unas 400.000 personas en uno de los barrios más sacudidos por la ola de crimen que azota a Caracas.
Los partidos de oposición han convertido el auge de los asesinatos durante el mandato del presidente Hugo Chávez en el corazón de su campaña para las elecciones legislativas del 26 de septiembre, en las que esperan reducir la mayoría parlamentaria del socialismo.
Con uno de los índices de homicidios más altos del mundo, la violencia criminal se ha convertido en la principal preocupación de los venezolanos, según las encuestas.
El Gobierno no ha publicado datos oficiales de homicidios en varios años. Sin embargo, las organizaciones no gubernamentales, citando datos filtrados por la policía y medios de comunicación, dicen que entre 13.000 y 16.000 personas fueron asesinadas el año pasado.
Chávez negó que Venezuela fuera uno de los países más peligrosos del mundo, como indican varios organismos internacionales y expertos, pero no ofreció ninguna estadística para rebatir los datos extraoficiales.
La oposición espera repetir el éxito logrado hace dos años en Petare, cuando arrebató la alcaldía de esta pobre barriada al aspirante respaldado por Chávez en unos comicios locales en los que la alta inseguridad de la zona jugó un papel importante.
La campaña empezó en agosto con una grotesca fotografía de cadáveres apilados en una morgue de la ciudad de Caracas, publicada en la primera página del periódico opositor El Nacional. Más tarde, un tribunal ordenó al diario abstenerse de publicar más imágenes sangrientas.
Terra/Reuters
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