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Nueva York era uno de los pocos lugares de Estados
Unidos donde estaba prohibida la apicultura, que
se perseguía con la imposición de multas, al
considerar que las abejas comunes eran un peligro
para la población, al igual que las tarántulas,
las serpientes venenosas o las hienas.
Tras varios años en los que numerosas asociaciones
de apicultores urbanos han presionado para que
eliminaran a las abejas de esa lista de especies
peligrosas, las autoridades neoyorquinas
accedieron a sus peticiones y levantaron una
prohibición que numerosos ciudadanos habían
obviado a conciencia enfrentándose a cuantiosas
multas.
Con el apoyo unánime de los legisladores, la
medida aprobada, legaliza las colmenas que cientos
de neoyorquinos tienen en sus azoteas, terrazas y
jardines, y que ahora tendrán que registrar en el
Departamento de Salud, así como comprometerse a
mantener ciertas prácticas para asegurar que los
animales no molesten a los ciudadanos.
Desde que la Administración del anterior alcalde
de Nueva York, Rudolph Giuliani, incluyera a las
abejas en la "lista negra" de animales peligrosos,
distintas asociaciones han pedido reiteradamente a
su sucesor, Michael Bloomberg, que cambiara la
legislación y pudieran así dejar de sentirse
perseguidos.
Según datos municipales, las multas que se podían
aplicar a quienes criaban abejas en casa iban de
200 a 2.000 dólares y en 2009 se impusieron en 13
de las 59 inspecciones que se realizaron después
de que la ciudad recibiera quejas de vecinos ante
la presencia de esos insectos en los alrededores
de su hogar.
Los defensores de la apicultura han demostrado a
las autoridades que son mínimos los casos graves
por picaduras de estos insectos en las zonas
cercanas a Nueva York y han respaldado su petición
como una manera de impulsar la que definen como
agricultura urbana sostenible que hará realidad el
negocio de la miel urbana para muchos ciudadanos.
EFE
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