
Polacos acuden a santuario consagrado por el Papa
El Santuario de la Divina Misericordia de Cracovia, consagrado por Juan Pablo II en su último viaje a su Polonia natal, se convirtió en uno de los puntos de peregrinación de los polacos en la larga agonía del Papa
El santuario, de estilo moderno y construido en hormigón en el extrarradio cracoviano, junto al convento donde vivió la monja santa Faustina Kowalska, de la que el Papa Wojtyla se considera un discípulo, convocó a los cracovianos y al resto de la región a un rosario para acompañar al Pontífice.
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La memoria del 12 de agosto de 2002, en que Juan Pablo II inauguró ese nuevo templo, con su imponente atalaya que mira sobre el valle, sigue viva en la región y se ha convertido en apenas tres años en uno de los "lugares" del Papa en su país natal.
No es hermoso, como la Iglesia de Santa María de la espléndida Plaza del Mercado Mayor de Cracovia, una de las mayores de Europa. Tampoco es íntimo, como su homónima basílica de la Ofrenda a María de Wadowice, la ciudad donde nació Wojtyla en 1920.
Pero el enorme templo, con capacidad para 4.000 personas en su interior más otras 8.000 en la explanada central, se quedó pequeño para la multitud que se acercó a la hora del rosario, entrada la tarde y bajo un intenso sol.
Arrodillados sobre el duro hormigón de las rampas exteriores, los polacos rezaron ahí, preservados de la atención mediática que entretanto se ha desplegado en Wadowice o Cracovia.
El interior del templo estaba a rebosar y el gran aparcamiento circundante había colocado el gran cartel de "completo" ante el alud de transportes.
Sin embargo, para muchos presentes, Lagiewniki, rodeado por los paisajes y montañas más queridos del Papa, era un lugar más auténtico y cercano al necesario retiro espiritual que el casco antiguo de Cracovia y Wadowice, con demasiados visitantes llegados de todas partes del mundo.
El Santuario de la Divina Misericordia está en el extrarradio cracoviano menos elegante y fue un lugar visitado por Wojtyla desde mucho antes de su llegada al Vaticano e incluso también antes de la propia existencia del santuario.
En sus tiempos de seminarista clandestino -es decir, aquellos por los que más lo veneran hoy los polacos, creyentes o no, junto al capítulo de su cercanía al sindicato Solidarnosc-, trabajando en la cercana fábrica de sosa cáustica "Solvay", Karol Wojtyla se detenía en el viejo convento para rezar.
Allí tomó conocimiento sobre las visiones místicas de la hermana Kowalska. Su segunda encíclica "Dives in Misericordia", de 1980, está inspirada en lo conocido a través de la monja, nacida en 1905 y fallecida en 1938.
Esta religiosa perteneció a las hermanas de la Beata Virgen María de la Misericordia, que vivían en el convento de Lagiewniki, construido a finales del siglo XIX.
Wojtyla se contó entre los durante años escasos conocedores de las revelaciones de la monja, a quien se llama la Teresa de Jesús polaca, ya que trasladó a un diario sus diálogos con Jesús.
"Tres años atrás lo tuvimos aquí. Renació entre nosotros, al contacto con su pueblo", recordaba hoy un feligrés, respecto al buen estado físico mostrado por Wojtyla en su más reciente visita al lugar.
En el rosario de la tarde en el Santuario no había lugar para la más mínima esperanza de una recuperación. Los miles de personas arrodilladas rezaban y seguían los cantos por el alma de su conciudadano, en el largo compás de espera de este fin de semana.
El camino entre el aparcamiento y el Santuario estaba plagado de tenderetes de postales y devocionarios del Papa. Luego, apenas 200 metros más allá, desaparece todo alarde comercial y apenas unos pocos se acercaban a la antigua capilla del convento donde originariamente rezó Wojtyla.
Las monjas del convento se encargan de resguardar la intimidad del lugar santo. Es su forma de rendir homenaje a la Misericordia Divina y las lecciones del pontificado que ahora vive sus últimas horas.
La monja Faustina, que sufrió muchas humillaciones por sus experiencias místicas, falleció a los 33 años de tuberculosis.
Karol Wojtyla, siendo obispo auxiliar de Cracovia, impulsó su proceso de beatificación por encima de los que consideraban sus textos demasiado osados y, por tanto, no publicables.
Finalmente, Faustina fue beatificada en 1983 y proclamada santa en 2000 en el Vaticano ante más de 300.000 personas.
Terra / EFE
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