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Para la exposición de la capital argentina, Bispuri ha elegido una selección de 30 fotografías en blanco y negro de los penales del país que visitó en 2005 y que combinan estampas crudas con instantáneas que, explicó el fotógrafo en una entrevista con Efe, no hacen sino reflejar las costumbres de un argentino medio.
Los rostros de presos mientras saborean mate o se visten con una camiseta de la selección argentina con el nombre de Diego Maradona contrastan con imágenes impactantes como la de un recluso recién salido de prisión que muestra un torso desnudo marcado por las cicatrices.
"De las cárceles se sabe todo y no se sabe nada, no se sabe lo que pasa dentro, cómo viven los internos, qué sienten", aseguró Bispuri, de origen italiano pero afincado en Buenos Aires.
Poder reflejar esa realidad desconocida fue uno de sus principales objetivos, añadió el fotógrafo, que subrayó que no pretende convertir su trabajo en una denuncia social.
En su opinión, las cárceles son, en cierta manera, el espejo de un país y, en el caso de Argentina, encontró en las prisiones la esencia de la manera de ser de sus ciudadanos: "viven mucho en el pasado, poco en el presente y nada en el futuro", gente que "se lamenta mucho pero al final va para adelante", resumió.
El proyecto, recordó, nació por casualidad, cuando le permitieron acceder a una cárcel ecuatoriana y quedó tan impresionado con la visita que decidió iniciar este complicado recorrido en el que lo más difícil ha resultado lograr los permisos para entrar en los centros.
"La cosa rara que me pasó es que en los países que se dicen más de izquierda, como Venezuela o Bolivia, fue muy difícil conseguir permiso y no me abrieron todas las puertas", mientras que los que son "más de derecha, como podría ser Colombia, me abrieron todas las puertas y me permitieron visitar las cárceles de máxima seguridad", afirmó el fotógrafo.
En el caso de Argentina, explicó, lo más difícil fue conseguir entrar en cárceles de mujeres, por eso en su exposición sólo hay una imagen de un penal femenino.
Al comparar las cárceles argentinas con las del resto de países de América Latina, Bispuri cree que la situación "no es ni mejor ni peor, hay penales con problemas, como puede ser Villa Devoto, una cárcel muy vieja con una situación dura y difícil, y otras un poco mejores, como la de Ezeiza".
Pero, admitió, en general, incluso las mejores, "tienen algo de frío, de mecánico".
Las diferencias, apuntó, se encuentran en los propios internos y, a su juicio, los presos argentinos fueron "de los mejores" porque en su mayor parte facilitaron su labor.
Durante estos nueve años de trabajo Bispuri ha reunido unas 5.000 fotografías y ha vivido situaciones duras en las prisiones, como ser amenazado por un preso con un arma.
Pero también se ha encontrado con reclusos que se involucraron en su proyecto, le ayudaron a descubrir rincones desconocidos de los centros penitenciarios y le permitieron conocer sus problemas.
Como resumen de su experiencia, Bispuri hace hincapié en que lo que más le sorprendió es la "gran vitalidad" que encontró en las cárceles.
"Me impresionó mucho las ganas de vivir, de hacer algo, siempre con fuerza de salir, mucho más que en Europa, donde la gente en la cárceles está mucho más deprimida, se sienten mal y se quejan", concluyó.
El próximo reto de Valerio Bispuri es la edición de un libro que mostrará esa "mirada interior" a través de 150 fotografías de las cárceles latinoamericanas.
EFE
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