
La poligamia sigue arraigada en Senegal
Los lunes y martes le toca a Mame Seye. Los miércoles y jueves a Khady. Y los viernes Ibraima Sene, un exitoso empresario, recibe a su tercera esposa Aida --perfumada, arreglada y ataviada con su mejores galas-- en su alcoba por dos noches
Desafiando las expectativas de que las influencias occidentales y la urbanización terminen con los matrimonios múltiples, la poligamia sigue arraigada en partes del África negra. En Senegal, un 47% de los matrimonios son como el de Sene.
"Al menos no estoy corriendo detrás de las chicas ni cometiendo adulterio", se justifica Sene, de 60 años, sentado en el sofá frente a la cama matrimonial. Dos de sus esposas, una a cada lado del patriarca, asienten.
Sene construyó su hogar hace más de tres décadas cuando era soltero, teniendo en cuenta sus futuras esposas y los dictados coránicos: No tengas más esposas de aquellas a las que puedas tratar con justicia.
Hoy, las tres esposas de Sene tienen departamentos separados dentro de la lujosa residencia de cielorrasos elevados y pisos de mármol.
Por la noche, las esposas suelen reunirse en el dormitorio marital para mirar televisión hasta que dos de ellas se retiran, dejando a la tercera.
"La poligamia es una cuestión mental", dice Sene, mientras sus esposas vuelven a asentir. "Los que no la experimentan no saben nada de qué se trata y por lo tanto la critican".
En parte debido a presiones sociales y económicas, los casamientos múltiples se mantienen más en el África negra occidental que en muchos estados árabes, dice Antoine Philippe en el Instituto de Investigación para el Desarrollo en Dakar, la capital del Senegal.
Sólo el 3% de los matrimonios son polígamos en Marruecos. En Mauritania ascienden al 18%, observa Philippe.
Amsatou Sow Sidibe, profesor de derecho y director del Instituto de Derechos Humanos en la Universidad de Dakar, dice que en los países más pobres donde escasean los varones con un buen pasar, la poligamia sigue teniendo sentido para mucha gente.
"En Senegal no está bien vista la mujer sin marido. Por eso prefieren compartir uno que no tener ninguno", dice Sow Sidibe.
Para muchos occidentales, los matrimonios polígamos son una práctica anticuada que debe desaparecer.
"Hay situaciones excepcionales en las que debe admitirse la poligamia: en los casos en que la mujer es demasiado vieja, o enferma, o no puede tener hijos", sostiene Radwan Masmoudi, director ejecutivo del Centro para el Estudio del Islam y la Democracia, con sede en Maryland.
"Pienso que la poligamia debería restringirse a esos casos, pero primero la mujer debe estar de acuerdo y dar su autorización", dice Masmoudi.
En el África occidental la poligamia data de un pasado lejano. Y no había límite al número de esposas hasta el siglo XI, cuando se introdujo el islamismo. El profeta Mahoma estipuló un máximo de cuatro esposas.
El código familiar senegalés de 1973 obliga a los novios a registrar sus intenciones en el momento del primer matrimonio, optando por la monogamia, la poligamia limitada --dos esposas-- o la poligamia plena.
Khadi Ndiaye, una ingeniera civil de 34 años, dice que nunca discutió la cuestión con su marido antes de su casamiento en 1996, suponiendo de antemano que la respuesta era evidente en el caso de dos profesionales.
Pero cuando fueron al registro civil en la alcaldía de Dakar, un burócrata le formuló la pregunta crucial al flamante marido: "Señor, ¿opta usted por la poligamia o la monogamia?" Él respondió: "Poligamia".
Para la novia fue como un balde de agua fría. "Me sentí traicionada y sigo sintiendo lo mismo", dice, agradeciendo en voz alta a Dios que su marido no haya escogido todavía otra esposa.
En Senegal, casarse con una segunda esposa después de haberse comprometido públicamente a la monogamia conlleva una pena de hasta tres años de cárcel.
Pero en esa situación, las mujeres que carecen de educación y recursos suelen quedarse con sus maridos en vez de luchar por la supervivencia solas con sus hijos.
En su residencia, Sene y sus esposas confían en que su acuerdo sea lo más conveniente para la crianza y educación de sus 17 hijos, bajo la atención y vigilancia del padre.
"Él ha logrado domar a todas sus esposas. El hombre es un guerrero", dice su hermano menor Ndongo Sene.
Pero esos matrimonios múltiples no siempre funcionan.
Es lo que ocurre con Diatou, una segunda esposa de 29 años, que no puede tragar a la titular.
"Ella es ruin, y por eso estoy aquí para apoyar a mi marido", dice Diatou de su rival, a la que se refiere como "arpía".
"Compartir un cónyuge ya es de por sí difícil, de modo que ni siquiera pretendo simular que ella me agrada", agrega la mujer, que aceptó a hablar sobre su matrimonio siempre que no se utilizase su apellido.
La concordia también ha eludido al hermano de Sene, Ndongo, un empresario retirado de 62 años.
Él también tiene tres esposas --una senegalesa, una libanesa y una española--. Pero cuando les ofrecieron dos noches por semana, tanto la libanesa como la española se negaron. En vez de un acuerdo cuatripartito, el matrimonio está en conflicto permanente y al borde del fracaso.
"Es como una interminable pelea de boxeo", se lamenta Sene. "No hay resistencia que aguante".
Terra / AP
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