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La perspectiva de elegir a la primera mujer presidente de Estados Unidos, o al primer presidente negro, estimula a los electores demócratas desde la soleada Florida hasta el nevado Michigan, en la frontera con Canadá.
Incluso en el bando republicano el índice de participación es elevado, cuando normalmente solo lo más fieles del partido acuden a las urnas.
Este impulso ciudadano promete un número récord de electores para el "supermartes" del 5 de febrero, cuando se pronunciarán una veintena de estados. Récord que también podría ser ampliado cuando todo el país vote en noviembre para designar al sucesor, o sucesora, del presidente George W. Bush.
"En ambos partidos vemos una competición real, un verdadero combate", destaca Chris Dreibelbis, del Reform Institute, un centro sin fines de lucro.
En los procesos electorales de los últimos años, "los juegos parecían decididos de antemano. Esta vez tenemos una carrera mucho más abierta, y la competición atrae a mucha más gente a las oficinas de voto", explica Dreibelbis.
El descontento de los estadounidenses tras ocho años de presidencia de Bush, cuya popularidad se encuentra en caída libre, la hostilidad hacia la guerra de Irak y la crisis económica también juegan un gran papel.
"El descontento es lo que estimula la participación, especialmente en el bando demócrata", analiza Andrew Kohut, presidente del Centro de Investigación Pew.
"Cuando la gente no está satisfecha de sus condiciones de vida, va a votar", explica Kohut.
El senador Barack Obama atrae a los electores jóvenes y a los que votan por primera vez, su rival demócrata Hillary Clinton reúne los votos de electores mayores y de las mujeres con mayor experiencia.
Las cifras son elocuentes: en Carolina del Sur cerca de 532.000 electores participaron en las primarias demócratas, frente a los 300.000 de la última consulta en 2004. Y unos 446.000 lo hicieron en el campo republicano.
En New Hampshire y Iowa, los primeros en expresarse, se registraron récords de participación a principios de enero. En Florida 1,7 millones de demócratas de desplazaron durante una primaria que, sin embargo, no tenía validez para designar delegados a la convención nacional, debido a decisiones internas del partido.
"Todo es tan ajustado que los electores estiman que su voto cuenta y por ello participan", destaca Eric Davis, profesor del Middlebury College.
Y "hay un profundo deseo de deshacerse de los republicanos por parte de los demócratas", añade Davis.
Desde la retirada de John Edwards, la competición demócrata se reduce a un duelo entre Hillary Clinton y Barack Obama. En el bando contrario, el senador por Arizona John McCain parece sacar ventaja frente a sus rivales republicanos.
Es difícil saber si la participación será igual de alta el 4 de noviembre. Dependerá mucho del vencedor de cada equipo, estiman los analistas.
En constante aumento estos 10 últimos años, la participación alcanzó un record en 2004 con 120 millones de votantes (la cifra más alta desde 1968), lo que supone cerca del 60% del electorado.
"Si Obama es el candidato demócrata, creo que la participación será muy elevada", opina Davis, quien pronostica un 60% o más.
"Si es Clinton, esto podría estimular a los electores republicanos que querrán cortarle el camino, a pesar de que los demócratas podrían no mostrarse tan entusiastas", añade Davis.
La ex primera dama "pone nerviosos a los republicanos", estima por su parte Kohut.
Terra/AFP
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