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En su primer día de funcionamiento la pista de 3.000 metros cuadrados, "la más grande del mundo" según el ayuntamiento, fue visitada por miles de curiosos 'chilangos' (como se denomina a los habitantes de la localidad) para deslizarse, la mayoría por primera vez, sobre el hielo bajo un sol radiante.
El éxito de la iniciativa se constató en las largas filas que los capitalinos formaron pacientemente primero en las taquillas, para obtener la pulsera gratuita que les da acceso a la pista por turnos de 50 minutos, y luego en el acceso a ésta, e incluso para subir a las gradas que la rodean.
Benito, un estudiante de 21 años, llegó al Zócalo a las 07H30 de la mañana, dos horas y media antes de que se abriese la atracción, para ser de los primeros en patinar sobre el hielo, a pesar de que era de los pocos que ya lo había probado en una de las cuatro o cinco pistas privadas que hay en la ciudad.
El joven alabó el trabajo de las varias docenas de monitores voluntarios, miembros del Instituto de la Juventud, que ayudan a los asistentes a dar sus primeros pasos: "Muy profesionales los monitores", opinó.
Su hermana, Rebeca, de 18 años, que sólo había patinado sobre hielo en una ocasión, consideró esta vez más satisfactoria gracias a la asistencia de los monitores.
"Esta vez un chaval que me ayudó, muy profesionales, después de eso ya aprendí y pude dar las vueltas sola", se felicitó.
No pudo decir lo mismo José, de 45 años, que acudió con su mujer y sus dos hijas adolescentes a estrenarse sobre el hielo: "patiné con miedo y agarrándome de la valla. Dos veces me solté, pero dos veces me caí", recordó riendo.
José y su familia salieron encantados de la experiencia y se dirigieron inmediatamente a la taquilla para volver a entrar.
Tampoco a Gilberto, que llevó a sus niños de cinco y seis años, le afectaron las caídas y se mostró dispuesto repetir la experiencia. "Me solté una vez (de la valla) y me caí. Pero no importa, por divertirme a mí y aquí a los niños".
Además de la entrada y la asistencia de los monitores, el ayuntamiento de la ciudad de México ha dispuesto de patines gratuitos a los asistentes, así como un grupo de paramédicos y varios policías que controlan los alrededores e incluso patrullan sobre patines la pista.
Desde las gradas, los más cautos observan a los patinadores, se carcajean viendo caerse a sus familiares y conocidos y se sacan fotos con la insólita atracción al fondo.
En la pista, que estará en funcionamiento hasta el 7 de enero, cientos de personas se deslizaban con mayor o menor destreza, la mayor parte agarrándose precavidamente a la valla que rodea la superficie helada y los más intrépidos cayéndose y levantándose tozudamente.
Los monitores instruyen a los principiantes cómo levantarse al caer, arrodillándose y sin apoyar las manos en el suelo para evitar que alguien resulte con los dedos cortados por algún otro patinador.
Claudia, de 25 años, espera en la fila para el segundo turno al mediodía, ilusionada con poder comprobar sobre el hielo su destreza en el patinaje sobre ruedas.
"Si puede uno patinar el línea, yo creo que no va a ser tan difícil. Vamos a intentarlo a ver que pasa", afirma al tiempo que señala que intentará no agarrarse de la valla. "Me voy a lanzar al ruedo a ver qué pasa".
AFP
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